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En las últimas semanas, hemos asistido a una de las temporadas de huracanes más intensas y devastadoras conocidas. También ha sido la temporada con el huracán más fuerte jamás registrado en el Océano Atlántico y en la que se ha consolidado un fenómeno sintomático, como el adelanto de la temporada al mes de abril. Por otro lado, julio ha sido el mes más cálido desde que existen registros. El anterior récord lo había marcado 2016.

El coste global anual estimado de los desastres naturales asciende a unos 500.000 millones de dólares. El número de refugiados supera los 65 millones de personas, 20 millones de ellos por causas ligadas al cambio climático. No ponerle freno puede acabar elevando el nivel de los mares en 2 metros: dos tercios de la humanidad vive en zonas costeras.

Puede que haya quien no quiera afrontar la realidad del cambio climático. Pero sus efectos nos golpean. Cada día más virulentamente. Cada día más letalmente.

Fue la consciencia de esta realidad, la que llevó al conjunto de los líderes mundiales a cerrar hace dos años un acuerdo en París para luchar contra el calentamiento global. Es cierto que entonces en la Presidencia de Estados Unidos estaba Barack Obama y no un negacionista del cambio climático como Donald Trump. Aun así, y pese a la espantada de este, el compromiso con lo allí acordado sigue adelante. Muy singularmente, en la Unión Europea, donde no andamos precisamente sobrados de causas comunes y unidad de acción en los últimos tiempos.

Precisamente para avanzar en el cumplimiento de los compromisos de París, el pasado noviembre, la Comisión Europea lanzó el paquete de energía limpia, el más amplio conjunto de medidas presentado en los últimos tiempos para actualizar el diseño del marco regulatorio europeo en materia de energía para la próxima década (2030) y posicionar a Europa como líder de la transición a una economía descarbonizada. Una modernización que se asienta en tres pilares:

• potenciar decididamente la eficiencia energética,
• mejorar las condiciones para incrementar la inversión en energías renovables y,
• proporcionar un papel más activo al consumidor.

Se trata, por tanto, de una oportunidad para estimular las inversiones y la innovación asociada, aumentar la seguridad energética y crear puestos de trabajo cualificados, mejorando la competitividad y reduciendo las emisiones. En definitiva, una oportunidad para modernizar nuestra economía y cumplir con los compromisos energéticos y climáticos.

Sin duda, Europa ha actuado en este campo como punta de lanza hacia una economía descarbonizada. Y esa apuesta ha tenido efectos tangibles como el desacople entre el crecimiento económico y las emisiones de gases de efecto invernadero: un éxito que revela que la apuesta por una mayor eficiencia en el consumo energético y por la transición hacia fuentes renovables no solo no lastra el crecimiento económico, sino que lo impulsa.

Pero esto no debe llevarnos a la autocomplacencia, sino a elevar nuestras ambiciones.

Ahora que tanto el Parlamento Europeo como el Consejo estamos en plenas discusiones para fijar posición sobre cada una de las normativas incluidas en el paquete de energía limpia, es el momento de dotarlas de más ambición.

Por ejemplo, la propuesta de la Comisión sobre eficiencia energética plantea un objetivo del 30% de reducción de energía para 2030. No obstante, nuestra posición como grupo político es que debe ser de al menos un 40%. Un objetivo que, además, nos debe ayudar a renovar el parque de edificios -el mayor consumidor de energía de la Unión- lo cual permitirá a los ciudadanos consumir menos energía con mejor nivel de confort, promoviendo la creación de empleo y ayudando a luchar contra la pobreza energética que millones de familias están sufriendo en Europa.

Otra de las necesarias actualizaciones se refiere al diseño del mercado eléctrico. Necesitamos un nuevo diseño para integrar un mix eléctrico que estará dominado por las energías renovables. De ahí la necesidad de ofrecer seguridad a las necesarias inversiones futuras en energía limpia.

Pero para lograr todos estos objetivos cobra especial importancia la revisión de la directiva de renovables.

La Unión Europea, con la ayuda de valientes políticas de descarbonización y fomento de renovables ha sido líder y ejemplo en sostenibilidad y energía limpia. Hemos conseguido, por ejemplo, prácticamente duplicar nuestra cuota de consumo final de energía mediante energías renovables desde 2004 hasta 2015.

Sin embargo, se observan signos de ralentización en la UE. Un ejemplo es la desaceleración de las inversiones en energías renovables. Por tanto, es necesario volver a establecer un marco que realmente fomente de nuevo el uso de estas.

Como ponente del Parlamento Europeo para la directiva de energías renovables, considero que la Comisión, coartada en sus propuestas por el pronunciamiento previo del Consejo, ha pecado de falta de ambición. Por ello, tanto en mi propuesta como en las negociaciones actualmente en marcha con los grupos políticos, estamos buscando un acuerdo de más largo aliento.

En mi propuesta, apuesto por elevar el 27% de cuota de renovables planteado por la Comisión a, al menos, el 35% el objetivo global en Europa para 2030. Es necesario un objetivo que realmente incentive la inversión necesaria en tecnologías renovables, y ayude a la Unión a cumplir sus metas de descarbonización para mitad de siglo.

Otro de los caballos de batalla en las negociaciones son los objetivos vinculantes a nivel de Estado. La Comisión los ha retirado. Sin embargo, los objetivos nacionales vinculantes para 2020 están funcionado y han sido un factor decisivo en el fuerte crecimiento de las renovables. Su eliminación tendría un impacto negativo en este crecimiento, reduciendo significativamente la seguridad y la confianza de los inversores.

Igualmente, los esquemas de apoyo deben estar provistos de seguridad jurídica. Los abruptos cambios en las políticas de apoyo a las fuentes de energía renovables han creado incertidumbre a los inversores. España es, a este respecto, ejemplo de lo que no debe volver a suceder, con medidas retroactivas que han provocado pérdida de confianza e inseguridad en el sector y falta de acceso a la financiación para nuevas instalaciones, perjudicando a la industria y a los puestos de trabajo relacionados con las renovables.

Asimismo, no debemos desaprovechar la oportunidad que nos brinda la directiva para fomentar el autoconsumo de energía renovable. Para ello, deben evitarse trabas administrativas, asegurando así que los autoconsumidores tienen un marco regulatorio justo para su actividad. Un país como España, con un gran potencial de energía solar, donde apenas se explota esta modalidad, sirve de ejemplo de la necesidad de autorizar y reforzar el autoconsumo como un derecho.

Y más allá del sector eléctrico, para alcanzar una penetración adecuadas de las renovables y descarbonizar la economía, debemos concentrar esfuerzos en los sectores de la calefacción y refrigeración y transporte, sectores que representan cerca del 75% del consumo final de energía. Si no se tienen en cuenta, no alcanzaremos los objetivos de descarbonización.

Son algunos ejemplos de ámbitos concretos en los que podemos actuar para crear las condiciones adecuadas para un nuevo impulso en energía limpia. Desde el Parlamento, debemos asumir la responsabilidad de ambicionar más no solo porque sea necesario para cumplir los acuerdos de París, sino porque las generaciones futuras no entenderían otra cosa.

Artículo publicado en Elconfidencial.com

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“El mundo ha prometido actuar para que no aumente la temperatura media más de 1,5ºC. Si eso no se hace realidad, países como el mío no serán habitables antes de que termine este siglo”.

Quien así hablaba ante el último plenario del Parlamento Europeo no era uno de esos “cuentacuentos del calentamiento global” como gusta descalificar (y denigrar) el presidente de Estados Unidos a quienes advierten de las consecuencias de no frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. No, quien así hablaba era Hilda Heine, presidenta de las Islas Marshall, que advertía de que, con un aumento del nivel del mar de dos metros, sus ciudadanos no tendrían donde ir ni esconderse.

El cambio climático es una realidad, la mayor amenaza para la especie humana, no una ficción creada “por y para los chinos” (Donald Trump dixit). Lamentablemente, el presidente de Estados Unidos ha decidido dar marcha atrás en el compromiso adquirido por su antecesor y retirarse del Acuerdo de París, desmintiendo una vez más a quienes pronosticaban una moderación de posturas con su llegada a la Casa Blanca. No es sólo una mala decisión económica (ahí están los informes de la OCDE al respecto). Es, sobre todo, una decisión injusta que cuestiona los principios morales de quien se desentiende de la suerte de los demás actuando de manera egoísta, cortoplacista e irresponsable.

Afortunadamente, lejos de generar una ola de retiradas del Acuerdo, lo que Trump ha provocado ha sido una ola de indignación tanto en la opinión pública (también la interna) como en los Gobiernos signatarios del Acuerdo, que han reafirmado su compromiso con el mismo. Con la Unión Europea, y sus estados miembros, al frente de todos ellos.Desde luego, constituye un motivo de orgullo la reacción de los líderes europeos. Porque, en efecto, yo también considero que Europa está en el lado bueno de la historia. Pero sería un error, un grave error, caer en la autocomplacencia, pues, a decir verdad, Europa puede y debe hacer mucho más para cumplir los compromisos adquiridos en París. Porque la lucha contra el cambio climático no es una opción, es una obligación.

Como tuve la oportunidad de decir en aquel pleno, el negacionismo de Trump no es la única amenaza en la lucha contra el cambio climático. También lo son las palabras huecas, los compromisos faltos de ambición. Y Europa debe corregirse y corregir el paquete de energía limpia actualmente en discusión en el Parlamento y el Consejo, el instrumento principal para hacer realidad el Acuerdo de París, porque esta propuesta está alejada de los objetivos allí fijados de descarbonización del 80%-95% para 2050. Si nosotros no ponemos sobre la mesa políticas energéticas y climáticas acordes con París, estaremos también renunciando tácitamente a lograr sus objetivos.

No podemos permitírnoslo. La UE ha jugado un papel destacado en el fomento de este tipo de acuerdos. Ha servido de ejemplo para el resto del mundo en materia de lucha contra el cambio climático y, gracias a las medidas adoptadas a lo largo de los últimos años, se encuentra en una buena posición para hacer realidad la descarbonización de su economía. La prueba de ello la tenemos muy cerca, en Portugal, que en mayo pasado fue capaz de funcionar durante cuatro días a base de energía procedente únicamente del viento, del agua y del sol. Por tanto, ahora más que nunca, Europa debe ser firme, servir de ejemplo y liderar la transición energética.

En este contexto, la directiva de energías renovables juega un papel crucial. El marco normativo vigente ha permitido situar a Europa en la senda de cumplimiento de los objetivos fijados para 2020, incentivando el desarrollo de un tejido empresarial innovador y tecnológicamente puntero, líder a nivel mundial. Fruto de todo ello, las tecnologías renovables han experimentado una gran bajada de costes, que debe ser aprovechada ahora para que la Unión se abastezca de una energía más limpia segura, asequible, autóctona y generadora de empleo de calidad, lo cual reforzará nuestra independencia energética y nuestra competitividad.

Pero para lograrlo no debemos socavar los principios que lo han alentado y que nos han traído hasta aquí. Al contrario, tal y como he podido constatar a lo largo de las decenas de reuniones que he mantenido desde mi nombramiento como ponente del Parlamento Europeo para la revisión de la directiva de renovables, la opinión prácticamente unánime es que debemos reforzarlos, superando la falta de ambición de la propuesta de la Comisión.

Tal y como he recogido en el informe que he presentado esta semana, es insuficiente llegar al 27% de cuota de renovables en 2030;debemos ser exigentes con nosotros mismos y alcanzar el 35%. Es igualmente insuficiente fijar un objetivo general para toda la UE;debemos establecer objetivos vinculantes para cada Estado miembro (en concreto, del 36% para España) porque los objetivos vinculantes son un factor clave del éxito de la vigente regulación, han aportado certeza a los inversores y fomentado, por tanto, la investigación e innovación en este sector. Ello ha contribuido a que tecnologías como la eólica o la fotovoltaica sean hoy en día tecnologías maduras y competitivas.

Es también insuficiente reivindicar, sin más, mayor seguridad jurídica. Lo que debemos hacer es cerrar las fisuras por donde puedan volver a establecerse medidas retroactivas, como ha sucedido en España, donde las decisiones del Gobierno están impactando en las arcas públicas, al tiempo que han desincentivado la inversión en renovables y, por tanto, el desarrollo industrial y la creación de empleo. Y es un fracaso reducir los objetivos de penetración de renovables en el sector del transporte, sector que representa un tercio del consumo final de energía en la UE. Lo que debemos hacer es elevar su presencia al menos al 12%.

Asimismo, no basta con hablar de fomentar el autoconsumo, sino que, y así lo he propuesto, debe prohibirse someter la energía autoconsumida a impuestos o gravámenes de ningún tipo, siempre y cuando la energía autoproducida permanezca fuera de la red. Y, por supuesto, es necesario que aprovechemos la revisión de la directiva de renovables, y de todo el paquete de energía limpia, para combatir la pobreza energética.Todas ellas son medidas concretas para hacer cumplir lo prometido en París. Y espero firmemente que el Gobierno de España contribuya a ello, dando un giro de 180 grados a las posiciones que hasta ahora ha venido defendiendo en el Consejo. No caben excusas, como escudarse en la falta de interconexiones -problema en el que ciertamente la Unión Europea se debe implicar más- para eludir la transición energética hacía las energías renovables. Nuestro país no puede permitirse actuar de freno a la adopción de una política energética ambientalmente más ambiciosa estando como está expuesto a los efectos adversos del cambio climático. Al contrario, debe volver a colocarse a la vanguardia.

Como dijo Hilda Heine, todos somos vulnerables al impacto del cambio climático, nadie puede escapar de ello. Tenemos la oportunidad de aprobar una regulación que realmente contribuya a la lucha contra el cambio climático y que, como comprometió Jean-Claude Juncker al inicio de su mandato, sitúe a Europa en el primer lugar mundial en el sector de las energías renovables impulsando el crecimiento ecológico. Comprometámonos, por tanto, con palabras y con hechos.

Artículo publicado en El Mundo

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La semana pasada tuvimos la oportunidad de escuchar el testimonio de la presidenta de las Islas Marshall en el pleno de Estrasburgo. Puede que el presidente de los Estados Unidos tenga dudas sobre el cambio climático. En las Islas Marshall tienen certezas.
El cambio climático es una realidad. Tangible, innegable. Lamentablemente, Donald Trump en vez de basarse en las pruebas científicas y discutir qué hacer para atajarlo, cuestiona las primeras y retira a su país del acuerdo de París para hacerle frente.
Califíquenlo ustedes como quieran: irresponsabilidad, temeridad, inconsciencia. Desde luego. Y egoísmo, mucho egoísmo. Porque la lucha contra el cambio climático no es una opción, es una obligación.
Sin embargo, nada ello debe desalentar nuestros esfuerzos por combatir el cambio climático. Al contrario, debe ser un acicate para ambicionar, y hacer, más.
Debo decir que las conclusiones de la cumbre del G7 reforzando el compromiso de los socios internacionales ante la espantada de Trump es un paso positivo.
También lo es que la Unión Europea haya salido en tromba, sin fisuras, a criticar la decisión del presidente de Estados Unidos y a reafirmar el compromiso europeo en la lucha contra el cambio climático.
Desde luego, como defendió la Comisión, yo también creo que Europa está del lado bueno de la historia.
Sin duda, lo está. Pero no lo suficiente.
Lo decía el pasado miércoles durante el debate en pleno:
El negacionismo de Trump no es la única amenaza en la lucha contra el cambio climático. También lo son las palabras huecas, los compromisos faltos de ambición.
Y en esta amenaza Europa debe entonar el mea culpa, corregirse y corregir el paquete de energía limpia.
Porque si algo he podido comprobar en las reuniones que he mantenido desde mi nombramiento como ponente es una práctica unanimidad en la necesidad de dotar de más ambición a la Directiva.
La propuesta de la Comisión está alejada de los objetivos de París de descarbonización del 80-95% para 2050. Y el límite de CO2 que el mundo puede emitir sin superar los 1,5ºC de aumento de temperatura se está acercando.
Si nosotros no ponemos sobre la mesa políticas energéticas y climáticas acordes con París, estaremos también renunciando a lograr nuestros objetivos.
La Unión Europea ha jugado un papel destacado en el fomento de este tipo de acuerdos. Ha sido ejemplo para el mundo y se encuentra en una buena posición para descarbonizar su economía. Por tanto, ahora más que nunca, Europa debe ser firme, servir de ejemplo y liderar la transición energética.
Además, las tecnologías renovables han experimentado una gran bajada de costes, que debe ser aprovechada. Es una oportunidad para tener una energía barata con beneficios para la independencia energética, y la competitividad.
Por ello, debemos ir más allá del objetivo del 27%, que prácticamente sin hacer nada ya se conseguiría.
En mi informe propongo elevar el objetivo global de cuota de renovables al 35%. Un objetivo ambicioso, sí, pero razonable y realizable.
Igualmente, propongo recuperar los objetivos vinculantes por Estado miembro. Son una señal de apuesta clara e inequívoca por las renovables. Aportará seguridad a los inversores, fomentará la innovación y contribuirá al objetivo de abaratar los costes.
Para alcanzar estos objetivos necesitamos fijar el criterio sobre los sistemas de apoyo a las renovables. Para superar la ambigüedad, mi propuesta plantea criterios a los Estados miembros para organizar licitaciones y decidir sobre su diversificación tecnológica, teniendo en cuenta factores ambientales, geográficos o climáticos.
Y todo ello debe hacerse reforzando la estabilidad y seguridad regulatoria.
Los abruptos cambios en las políticas de apoyo a las fuentes renovables han creado incertidumbre a los inversores. Poniendo en peligro la consecución de los objetivos de 2020 y dañando a la industria.
Recuperar la seguridad jurídica es fundamental para garantizar y abaratar las inversiones en renovables. Por ello, reforzamos el artículo 6 para eliminar ambigüedades y aclarar que se aplica tanto a las inversiones actuales como futuras. Además, proponemos que cuando los proyectos se vean afectados negativamente deben recibir una compensación adecuada.
El consumidor debe jugar un papel central en la transición energética. Para fomentar el autoconsumo, se deben evitar trabas administrativas y aclarar que la energía autoconsumida, que no pasa por las redes en ningún momento, no debe estar sujeta a ningún coste, asegurando así que los autoconsumidores tienen un marco regulatorio justo para su actividad.
Proponemos más ambición en relación a la calefacción y refrigeración. También en el sector del transporte. Este sector representa un tercio del consumo final de energía, y sigue dominado por los combustibles derivados del petróleo. Proponemos elevar el objetivo al 12% para 2030.
Tenemos la ocasión de aportar una regulación que realmente esté en línea con la senda marcada por el Acuerdo de París. Pero para ello es necesario dotar de mayor ambición a esta Directiva.
Como el presidente Juncker comprometió en su hoja de ruta para la legislatura, “debemos aumentar el porcentaje de energías renovables en nuestro continente”. Como él, yo también “creo firmemente en el potencial del crecimiento ecológico”. Y como él, “quiero que la Unión de la Energía de Europa pase a ocupar el primer lugar mundial en el sector de las energías renovables”.
Humildemente, creo que estas propuestas lo hacen de manera coherente, asumible y eficiente.
Muchas gracias.
Intervención realizada en la Comisión ITRE durante el examen del proyecto de informe sobre Fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables (refundición)
(22/06/2017)
Gracias presidente,